PRIMEROS PASOS: PRIMEROS OBSTACULOS Así que empezar en donde estás y cómo eres. Si perteneces a una parroquia o comunidad, empieza ahí mismo. Habla con el párroco o pastor. Explícale lo que este regalo ha sido para ti. Pero estate preparado para sorpresas, incomodidad o hasta sospecha. Acuérdate que cuando muchas personas escuchan hablar de la meditación por primera vez creen estar escuchando algo nuevo y extraño o peor, algo de otro mundo o amenazante. Permanece en calma y no sientas que estas fuera. Sin embargo, ayuda estar al tanto de todas las malas interpretaciones de la meditación. He aquí algunas de las más comunes:
- La Meditación no es Cristiana. Ha sido importada del Budismo o Hinduismo.
Explica lo mejor que puedas que la meditación es una disciplina espiritual universal, que existe en muchas otras religiones, especialmente las que son más antiguas que la Cristiana. Pero el camino de la oración silenciosa esta fuertemente enraizado en la tradición Cristiana, histórica, teológica y escriturada. Tu entendimiento de la tradición que pasó John Main, especialmente cómo lo describe en Word Into Silence y The Gethsemani Talks, son invaluables aquí. Compartir estos libritos poderosamente claros es una excelente manera de construir una relación de confianza y a ayudar a otros a crecer sabiendo que la meditación es un camino de oración y fe. Otros dos recursos que ayudar a situar con firmeza la meditación en tierra Cristiana son el libro de bolsillo Christian Meditation: Your Daily Practice y el video, Coming Home, que cuenta la historia de la comunidad mundial a través de las voces de meditadores individuales alrededor del mundo.
- El Mantra no es Cristiano. Otro aspecto que genera miedo de que la meditación
no es Cristiana es no sentirse a gusto con el mantra, tanto como un término y como un “trabajo” que la tradición nos enseña a hacer. De nuevo, hay un fuerte y consistente aprendizaje. Tenemos la importante revelación de John Cassian de la llave que abre la sabiduría del desierto en sus magníficas conferencias 9 y 10 de oración: pobreza de espíritu, la humilde repetición de algunas pocas palabras sagradas, lo que llamó en Latín la “formula” que nos ayuda a poner nuestra atención en el Señor en lugar de en nosotros mismos. El clásico del siglo 14 , The Cloud of Unknowing, lo llama “la pequeña palabra” que nos permite pasar de la distracción al misterio silencioso de Dios. John Main tuvo la intuición de llamarla mantra para unir a la tradición Cristiana con la sabiduría universal. Mantra es por supuesto ahora una palabra Inglesa, según el diccionario Inglés de Oxford, pese a su uso cotidiano para describir las promesas de los políticos. Mantra es originalmente una palabra en Sánscrito (lengua raíz de muchos lenguajes Europeos) y significa “aquello que aclara la mente” una escritura breve, verso o palabra sagrada utilizada repetitivamente para lograr una profunda atención. En este sentido, el rosario, las palabras de la misa, bendiciones y oraciones familiares repetitivas de todo tipo, son mantras. Finalmente está Jesús que nos pide dejar de balbucear e ir a nuestro cuarto secreto y ahí orar, no con los labios pero en silencio, como John Cassian describe “el buscador, no de palabras, sino de corazones.”
- La Meditación es peligrosa. Esto viene casi siempre de los fundamentalistas que
tienen aversión al misterio y una necesidad de certeza absoluta y literal, lo cual esconde, un cierto grado de miedo y represión del miedo. Actúan con enojo cuando son confrontados o asustados por cualquiera que se atreva a cuestionar la certeza que guardan como la esencia misma de la verdadera fe. Ellos dirán: Cuando te abras o vacíes tu mente el demonio entrará”. Más bien, sin embargo, el demonio tendrá una oportunidad de salirse! Emociones negativas y pensamientos sombríos pueden salir una vez que soltamos la represión. Esto es muy natural pero puede ser angustiante por un tiempo. La literatura de la contemplación Cristiana ofrece muchas descripciones sobre este proceso y aconseja lidiar con él. La meditación practicada en la fe y con moderación no es peligrosa. Es más peligroso no meditar. La meditación no es poner la mente en blanco sino ser pobre en espíritu, abrirse a la presencia interior. Los Cristianos que creen en la resurrección y en la presencia de Cristo en ellos pueden acercarse a la meditación con confianza y esperanza.
- La Meditación es egoísta. Es lo que Martha pensaba. Pero Jesús dijo que María
había escogido la “mejor parte”. Su propio ejemplo de vida muestra el balance entre sus periodos de ministerio activo con tiempos de retiro y silencio. Revisar tu ombligo es egoísta. La meditación es un trabajo puro desinteresado que podemos hacer porque quita la atención de la agenda del ego. Gradualmente, se convierte en un hábito, en una forma de vida. Gradualmente vemos como nuestra oración no es una alternativa a la acción, sino que es aterrizar. Vemos entonces la intrínseca relación entre ser y hacer, y el simple hecho que nuestra vida es tan buena como nuestra oración. Si lo Segundo es solo acerca de nosotros, entonces así será lo primero. Si la meditación no muestra sus frutos en un mayor amor y compasión -eso sería una válida y gran objeción. Pero, como se dijo anteriormente , la única medida eficaz para la meditación es preguntarse “ ¿estoy creciendo en amor?”.
- La Meditación es solo una técnica de relajación. Escuchamos más en los medios
de comunicación acerca de la meditación como un método para bajar la presión, aumentar la temperatura corporal y aumentar las ondas beta. Esto no debe de sorprendernos en el mundo médico y científico que atribuye a factores químicos y biológicos la identidad y el comportamiento humano. Hay por supuesto evidencia documentada de que la meditación es una manera excepcionalmente efectiva de relajarse y de experimentar los beneficios físicos y psicológicos de reducir el estrés y la ansiedad. Pero estos resultados son solamente unos buenos beneficios secundarios de lo que es en primer lugar una forma de oración. Podemos decir que la ciencia moderna finalmente se ha emparejado con la antigua sabiduría.
Cualquier objeción que las personas puedan sacar cuando empiezas a hablar de empezar un grupo, escúchalos. Trata de ver de donde vienen. No te pongas a la defensiva o argumentes. Acuérdate que la mayoría de los sacerdotes, por ejemplo, nunca han tenido una introducción acerca de la oración contemplativa en su entrenamiento. Se han formado para pensarse a si mismos como administradores más que como maestros, y así, humanamente, pueden sentir la amenaza de ser desplazados por una persona laica hablando acerca de la contemplación. Recuerda que no estás diciendo- y la tradición no enseña- que la meditación es la única manera de orar. Trata de compartir tu propia experiencia de cómo la meditación no es un substituto, pero un respaldo para todas las prácticas individuales o colectivas de oración. Alimenta a la vida Cristiana en todas sus dimensiones, llevándonos de regreso a la verdad viva del Evangelio con una apreciación superior del mismo, con asombro renovado, por primera vez.
Si tienes una respuesta negativa a tu sugerencia de comenzar un grupo, responde al rechazo de forma contemplativa. Te va a fortalecer. Piensa si debes de esperar y volver a comenzar de nuevo o buscar en otros caminos, otros lugares o comunidades que puedes explorar. Pero también puede ser que tengas suerte. Puedes encontrar gran apertura, gratitud por haberlo sugerido y gran apoyo. ¿Luego qué?
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