
| UNA PERLA DE GRAN VALOR Laurence Freeman, OSB |
Así como en un proyecto interactivo necesitamos de un grupo que nos de soporte con sus diversos talentos, también en el trabajo de contemplación necesitamos comunidad. La meditación, como John Main sabía, crea y revela comunidad. La meditación es una expresión de esta verdad. No hay nada nuevo acerca de los Cristianos que se juntan a rezar, todo el grupo de creyentes estaba unido, en corazón y alma en constante oración. Eso se decía de la pequeña iglesia de Jerusalén que se formó después de la muerte y resurrección de Jesús. Podemos decir lo mismo de los grupos hoy. Ha habido un redescubrimiento revolucionario de la tradición de la contemplación Cristiana en los últimos treinta años. No solamente para los que viven en un claustro pero también para hombres y mujeres ordinarios. Esto no es meramente un descubrimiento académico. La práctica de la meditación ha despertado una nueva conciencia de que la dimensión contemplativa de la oración esta abierta a cada uno e invita a cada uno de nosotros. El acceso no está restringido. Es un privilegio y una gracias que da el Espíritu a todos. Pero, como todos los regalos del Espíritu, tenemos que hacer nuestra parte. Si debemos de vivir nuestra vocación particular en la vida cotidiana con profundidad y significado, tenemos que aceptar activamente el regalo dándole devoción y fidelidad diaria. No es noticia que el Cristianismo ha tenido una turbulenta transición desde la Edad Media hasta la mentalidad moderna. Si escuchamos solo a los medios y a los sociólogos, podríamos concluir que la Iglesia Cristiana esta en declive. Evidentemente sus estructuras y actitudes están sufriendo un proceso de muerte, pero desde el corazón de la visión Cristiana, existe una cierta esperanza de resurrección. El grupo de Meditación Cristiana, es por lo tanto uno de esos signos positivos y esperanzadores de vida renovada, un signo silencioso y firme de que el Espíritu prevalece. La meditación es una práctica universal que va más allá de las palabras, imágenes y pensamientos, a un espacio lleno de presencia y de fe que llamamos el silencio de Dios. Lo que es particularmente Cristiano acerca de esto, es la conciencia de que somos llevados en la fe a la oración de Cristo mismo. Y cuando compartimos en la conciencia de Jesús, que simultáneamente se abre a cada unos de nosotros y a Dios, podemos entonces ser verdaderamente abiertos unos con otros. Podemos crear y experimentar la creciente unión de personas que llamamos comunidad. Así como los frutos del Espíritu aparecen- amor, gozo, paz, paciencia, bondad, lealtad, gentileza y auto-control- también sucede la gracia de reconocer a Jesús en nosotros mismos y en otros. |
| A Pearl of Great Price Copyright © 2002 The World Community for Christian Meditation Traducción: Begoña Siegrist Webservices: www.comunicasoluciones.com |

| UNA PERLA DE GRAN VALOR |

| También se parece el reino de los cielos a un comerciante que andaba buscando perlas finas. Cuando encontró una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró. (Mateo 13:45) |
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